GALLUR ES HISTORIA DE LA JOTA

La música, los cantes y los dances populares son a la historia de los pueblos, lo que las bandas sonoras a las películas. Los definen, los diferencian, los acompañan y los explican. Y esa es la función que cumple la jota con nuestra tierra, con Aragón. Habrá a quien le guste y a quien no, pero es embajadora de nosotros mismos y nos presenta al mundo. Al son de bandurrias y laúdes, de acordes de guitarra, de dances elegantes y de voces penetrantes nos presentamos. Escuchar una jota teletransporta a casa a quienes están fuera y hace que les invada, a partes iguales, nostalgia y orgullo.

Este tesoro cultural no siempre ha estado ahí, al menos en la forma en que lo conocemos hoy. Las primeras noticias que tenemos de la existencia de jotas hay que remontarlas a la Guerra de la Independencia contra los franceses y al reinado de Fernando VII, es decir, a principios del siglo XIX. Estas jotas de principios del siglo XIX, que no podemos saber cómo eran, no vinieron de la nada, y así, algunos ven en la jota influencias y orígenes andaluces, árabes, bizantinos e incluso persas. Y es que, todos los pueblos que pasaron por nuestra tierra dejaron su huella y pusieron su granito de arena en nuestra forma de ser y, seguramente, también en nuestra música.

Costó mucho llegar a la creación de una academia de jota aragonesa en el año 1903 y a que en el año 1940, por fin, hubiera una Escuela de Jota Aragonesa anexa al Conservatorio Oficial de Música. Eso es la culminación de un lento proceso de forja. Al igual que toda lengua necesita de un diccionario, de obras de gramática y de sintaxis, que la sistematicen, que la fijen y la hagan inamovible; todo estilo musical necesita de talentos que escriban y dejen para la posterioridad cancioneros, famosos cantantes, músicos y danzantes, además de embajadores que lo den a conocer por el mundo. Aquellos virtuosos de finales del siglo XIX transformaron las jota que oyeron de sus mayores a principios de dicha centuria, la reformaron a su gusto y la han convertido en el estilo inconfundible que hoy escuchamos.

En el año 1879 se crea la Rondalla Aragonesa, dirigida por Tomás Adiego. En el año 1891 José Oros marchó con su rondalla a la Exposición de Chicago y dio a conocer nuestra música en América. Y por último, en 1910 la Rondalla Pignatelli del maestro Tremps actuó en la Exposición de Bruselas. Paralelamente a todo esto se organizaron todos los años certámenes de rondallas en Aragón y es bonito saber que hubo galluranos destacados en estos primeros festivales musicales.

De hecho, la rondalla de Gallur fue una de las ocho que participaron en el primer certamen de rondallas, celebrado el 18 de octubre de 1886 en la Plaza de Toros de Zaragoza. El director de la rondalla gallurana, Agustín Navarro, se llevó el primer premio y el tañedor de bandurria de su orquesta, Francisco Navarro, fue premiado por la propia reina Isabel II, que acudió al acto. Por otro lado, hubo un gran maestro de rondallas, gallurano y discípulo de José Oros, que se llamaba José Rubio y que ganó un buen número de los primeros certámenes de rondallas que se hicieron en Aragón. Sin duda, los galluranos marcaron una época en los inicios de la jota aragonesa. Es decir, que los galluranos, en buena parte, fueron arquitectos de las jotas que hoy escuchamos, de las que inspiraron a los primeros genios.

Santiago Navascués Alcay.

Lcdo. en Historia por la Uni. de Zaragoza.

BIBLIOGRAFÍA

  • Blanco Lalinde, L. (1995); Historia de la villa de Gallur, Ayuntamiento de Gallur y Diputación de Zaragoza.
  • Mateo Montalbán, S. (2008); “La rondalla y la jota”, en De capas y panderetas.

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