MISIONES PEDAGÓGICAS

Los libros son como las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra

Decía James Russell Lowell, aquel ilustre y decimonónico embajador de EE.UU. en España. Y es que estos vasos comunicantes, que son los libros, tienen el poder de cambiar vidas, de provocar: revoluciones e involuciones, guerras y paces, retrocesos y avances en la historia.

Algunos gobiernos de la Segunda República, conocedores de todo esto, defendieron hasta las últimas consecuencias aquella vieja idea de que “la educación os hará libres”. Y se pusieron manos a la obra para que, con las misiones pedagógicas, la cultura llegara a todas las clases sociales y a todos los rincones del país, también a los pueblos más recónditos.

El proyecto de estas misiones pedagógicas fue desarrollado por el Ministerio de Instrucción Pública, el Museo Pedagógico Nacional y la Institución Libre de Enseñanza, que desde 1876 constituía una enseñanza paralela a la oficial, en la que se defendía el laicismo en la docencia, la libertad de cátedra de los profesores y una educación igualitaria para los niños y las niñas; en unos tiempos en que el conservadurismo, el moralismo, el elitismo y la religión imperaban en la enseñanza pública.

Durante la Segunda República, por primera vez, esta Institución Libre de Enseñanza gozó del favor del gobierno. Las misiones pedagógicas, organizadas por el Ministerio de Instrucción Pública, encajaban perfectamente con la labor sostenida por dicha institución durante tantos años.

Más de 500 voluntarios se entregaron en cuerpo y alma a la consecución de los objetivos de estas misiones. Entre ellos figuraban todo tipo de eruditos, estudiantes, intelectuales, escritores, maestros, artistas y profesores. La flor y nata de la intelectualidad española participó en el proyecto.

Con el trabajo de más de 600 “misioneros” consiguieron llegar a unos 7.000 pueblos y aldeas. Se crearon 5.522 bibliotecas, que albergaban más de 600.000 libros. Las actuaciones del Coro y el Teatro del Pueblo se contaron por 286, y 179 localidades gozaron de las Exposiciones Circulantes de Pintura del Museo del Pueblo.

Gallur no fue menos y se benefició de algunas de estas campañas. La actuación de estas misiones en Gallur se tradujo en la donación de un amplio volumen de libros a la biblioteca municipal, coincidiendo con la alcaldía de María Domínguez del año 1932, que era una afamada escritora en aquellos momentos y que, por supuesto, estaría encantada con esta iniciativa.

Entre la ingente cantidad de volúmenes donados a nuestro pueblo, destacaría los siguientes: todo tipo de obras pedagógicas, en las que se hablaba, por ejemplo, de la escuela rusa, belga o inglesa; ensayos de sexualidad; obras clásicas de naciones protestantes, como las de Shakespeare o La Cabaña del Tío Tom; obras filosóficas, como las de Ortega y Gasset o Engels, uno de los padres del comunismo; y cuentos para los niños, de culturas remotas que no abrazan el cristianismo, como Las Mil y una Noches.

En definitiva, entre este amplio lote que recibió Gallur, figuraban muchas obras de difícil acceso hasta entonces, de esas que no sirven para salvar almas pero sí para cultivar mentes. Buena parte de ellas fueron eliminadas por la censura franquista posterior.

Santiago Navascués Alcay

Lcdo. en Historia por la Uni. de Zaragoza.

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