LA ASOCIACIÓN DE BAILE “PAZ Y ALEGRÍA”

En estos aciagos días, en que nuestras posibilidades de ocio están tan limitadas, quizás sea bueno evadirnos y recordar cómo se divertían nuestros mayores en otros tiempos. Por ello os invito a viajar conmigo al año 1934, durante la Segunda República, a conocer cómo funcionaba la asociación de baile “Paz y Alegría”.

Ésta se ubicaba en el número 14 de la Calle Cervantes, estaba integrada por más de cincuenta personas, y permaneció abierta desde inicios de 1934 hasta septiembre de ese mismo año.

Me pregunto qué tipo de bailes tendrían lugar allí: serían frenéticos, alocados, revolucionarios y libres, como el swing, que arrasaba por la Europa y EE.UU. del momento; o más bien, serían clásicos, señoriales y elegantes, para bailar en pareja, como puedan ser los pasodobles o los vals. Puede que hubiera un poco de todo, ¿quién sabe?

Había tres tipos de socios:

  • Socios fundadores: son los creadores de la asociación, los que redactan el reglamento y lo entregan al ayuntamiento.

  • Socios temporeros: son invitados a la asociación por algún socio. Están exentos de pagar la cuota de entrada y la mensualidad. No participan en ninguna de las juntas y su situación es transitoria. Tienen un plazo máximo de tres meses para enviar una solicitud por escrito al presidente de la asociación. Una vez presentado este escrito, en la próxima Junta General se decide si los admiten como miembros de la asociación o no, resolución que tiene que estar avalada por una mayoría absoluta.

  • Socios de número: son todos aquellos que pagan la cuota de entrada y las mensualidades. Participan en las Juntas Generales y pueden ser elegidos para cualquiera de los cargos de la asociación.

La asociación constaba de tres juntas:

  • Junta Directiva: integrada por el presidente, el vicepresidente, el tesorero, el secretario, cuatro vocales y dos suplentes de los vocales. Sus miembros eran socios, elegidos para ocupar estos cargos en una Junta General. Una vez elegidos, no podían renunciar a su posición en la asociación y debían ejercer y cumplir con su cometido. Cualquier socio podía ser escogido.

  • Junta Inspectora: se encargaba de vigilar el trabajo de la Junta Directiva.

  • Junta General: En ella podían participar todos los socios. Había una Junta General ordinaria, que se celebraba la primera semana de cada mes, en la que, básicamente, se decidía qué nuevos socios eran admitidos en la asociación. Por otro lado, había Juntas Generales extraordinarias, convocadas por el presidente, para resolver algún asunto urgente. Otra función de las Juntas Generales era escoger a los miembros de la Junta Directiva y de la Junta Inspectora.

Se pagaba una cuota de entrada de diez pesetas y una mensualidad, que no queda establecida en el reglamento inicial y cuya cantidad, queda abierta a lo que se decida en la primera Junta General.

Se acuerda también, en caso de disolución de la asociación, que se entreguen todos sus bienes al ayuntamiento para que los distribuyan entre los pobres.

Finalmente, el 27 de septiembre la Sociedad de Autores dio un plazo de 48 horas a la asociación para pagar el importe de 21 pesetas, que le adeudaban; o en su defecto, procederían a embargar la recaudación de las entradas.

No se pudo afrontar este pago y la asociación se disolvió. Entre sus deudas se encontraban: dos meses de alquiler del salón, dos meses de luz, trabajos de carpintería que quedaron sin pagar, el alquiler de un piano, la actuación de un pianista y la de un violinista. Todo ello ascendía a una suma de 332, 40 pesetas.

Me pregunto qué tipo de gente participaría en esta asociación. El precio de la cuota de entrada y la disposición de que, en caso de disolución, se entregaran los bienes de la asociación a los pobres de la localidad, nos puede dar pistas. Teniendo en cuenta todo lo que se podía pagar con 332, 40 pesetas en la época, quizá una cuota de entrada de diez pesetas no era algo que pudiera permitirse cualquiera. Los datos que disponemos nos indican que el salario medio de una jornada de ocho horas, en el año 1920 (una fecha relativamente cercana), era de diez pesetas.

Santiago Navascués Alcay.

Lcdo. en Historia por la Uni. de Zaragoza.

BIBLIOGRAFÍA

Germán Zubero, L. (2009); “Coste de la vida y poder adquisitivo de los trabajadores en Zaragoza durante el primer tercio siglo XX”, en Razones de historiador: magisterio y presencia de Juan José Carreras, Universidad de Zaragoza.

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