LA APARICIÓN DE LA CRUZ

Desde la Antigüedad las cruces en el cristianismo han tenido un uso mágico-protector contra demonios, contra enfermedades, granizadas y todo tipo de males. Son muchos los que las llevan colgadas al cuello y que las besan cuando están en momentos atribulados, de incertidumbre, en una complicada encrucijada, dilema, reto; desempeñando la misma función que un amuleto mágico.

Desde el siglo IV hasta bien entrado el siglo XIX en el mundo católico se desarrolló una fiebre devocional por las reliquias de los santos, especialmente por los vestigios que dejó Jesús a su paso por este mundo, entre los que destacan el santo prepucio del Hijo de Dios y  la Vera Cruz, la cruz verdadera en la que fue ejecutado y que, según la tradición, fue encontrada en el siglo IV por Elena, madre del emperador Constantino.

Durante todo ese tiempo todas localidades competían entre sí por tener las mejores reliquias, que desencadenaban una romería de peregrinos que buscaban protección, curación o el perdón de sus pecados con sus visitas, dejando una buena cantidad de dinero de por medio. Muchos de estos objetos de culto son inventados sin ningún tipo de escrúpulo, obedeciendo a los intereses del marketing. Llegó a haber tantos fragmentos de la Vera Cruz por toda Europa, que Calvino en el siglo XVI ironizó diciendo que con toda esa madera podría construirse un barco de gran tamaño.

Es en este contexto en el que hay que entender la aparición de una cruz en Gallur en el siglo XVI.

La noticia la ha encontrado Antonio P. Bueno en la obra del siglo XVIII titulada Aragón, Reyno de Christo, y Dote de María Santísima, Fundada sobre la Columna Inmóvil de Nuestra Señora en su ciudad de Zaragoza, Aumentado con las Apariciones de la Santa Cruz, Santísimos Misterios, Milagros del Santísimo Sacramento, Imágenes singulares de Christo Nuestro Señor, y con las Aparecidas, Halladas, Antiguas, y Milagrosas de Nuestra Señora en el mismo Reyno que publicó en la imprenta de José Fort enfrente del Colegio San Vicente Ferrer, en Zaragoza en el año 1739, el padre Fray Roque Alberto Faci de la Orden de Nuestra  Señora del Carmen que fue rector del Colegio de San José de  Zaragoza, examinador sinodial del obispado de Albarracín, y Custodio de la provincia de la orden del Carmen.

En este libro el padre Alberto Faci nos cuenta que en Gallur hacía 150 años que se veneraba una cruz, que se apareció milagrosamente sobre las aguas del Ebro, remontando el río contra corriente, y que los galluranos llevaron a nuestra iglesia. Si esto lo escribe en 1739, restando 150 años nos da el dato de que esta cruz supuestamente se apareció a mediados del siglo XVI. Qué ha sido de esta cruz no lo sabemos.

Apareció en momentos turbulentos de la religión, de guerras contra protestantes, de cierre de fronteras para que no cruzaran los Pirineos las herejías de los reformados, y de conversión forzosa de moriscos. En aquellos años un milagro que fortaleciera la fe no venía mal.

El libro nos informa también de que, salvo en tiempos de guerra, en los que la cruz se llevaba a casa del Jurado Mayor -lo más parecido a un teniente alcalde- para evitar que fuera saqueada, la iglesia del pueblo albergaba la cruz, a la que se rendía culto el 3 de mayo, el mismo día en que fue encontrada la Vera Cruz por Elena en el siglo IV.

En esta obra el padre Alberto Faci también nos habla de que el 10 de junio de 1714 y el 25 de junio de 1723 se sacó en procesión librando al pueblo de una granizada, lo que me recuerda a la famosa historia que todo gallurano ha oído de nuestros mayores de que San Pedro fue sacado en procesión parando un pedrisco.

Llueve sobre mojado, pues en palabras de Francisco Javier Fernández Nieto:

En Carrio -Asturias- se encontró un cántico inscrito en una pizarra del siglo IX/X en el que se requieren a siete arcángeles designados como “patriarcas”, alguno de ellos con nombres inusuales, para proveer de protección contra el granizo. Este texto es el vínculo final de una larga tradición de filacterias, en griego y en latín, efectuadas para proteger las cosechas de las tormentas. Evoca entre otros, el milagro que ocurrió en la ejecución de San Cristobal, cuando el granizo se volvió lluvia. La sangre de Cristo y de los mártires que una vez simbólicamente fertilizaron y purificaron la tierra, ahora sirven para proteger del granizo, de igual manera que era usada la sangre de una mula o de una menstruación humana en el período clásico -antes de la aparición del cristianismo-, en Kleonai, cerca de Nemea, en la Argólida -Grecia- para proteger las cosechas del granizo.

De ahí viene la tradición tan atestiguada en Gallur, pero que ni mucho menos es exclusiva de nuestro pueblo, de sacar santos, cristos y cruces para parar granizadas.

Santiago Navascués Alcay.

Lcdo. en Historia por la Uni. de Zaragoza.

BIBLIOGRAFÍA

  • P. Bueno, A. (2018); Historia secreta de Gallur, Libros y novelas.

 

  • Fernández Nieto, F.J. (2010); “A Visigothic Charm from Asturias and the Classical Tradition of Phylacteries Against Hail”, en Gordon, R. y Marco Simón, F. (eds.), Magical Practice in the Latin West. Papers from the International Conference held at the University of Zaragoza, 30 Sept. – 1 Oct. 2005, RGRW, vol. 168, Leiden y Boston, pp. 551-600.

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