MARTÍN DE GURREA Y ARAGÓN

El territorio de nuestra comarca, en el que se encuentra nuestra villa, siempre estuvo manejado por el todopoderoso Monasterio de Veruela y los Duques de Villahermosa, que vivían en Pedrola.

Hoy toca hablar de uno de ellos, del Duque de Villahermosa Don Martín de Gurrea y Aragón. Nació en Pedrola y su fecha de nacimiento es objeto de debate. Atanasio Sinués sostiene que nació el 27 de marzo de 1527, Iglesias Costa el 17 de mayo de 1525 y Morejón Ramos el 17 de mayo de 1526.

Sus apellidos debían ser “Aragón y Gurrea” pero, en una disposición testamentaria su padre antepuso “Gurrea” a “Aragón”. Era bisnieto del hermanastro de Fernando II “el Católico”. De ahí el apellido “Aragón”, que denotaba que estaban emparentados con la Casa de Aragón, la familia que ocupaba el trono de nuestra tierra. Lo normal hubiera sido que fuera en primer lugar el apellido “Aragón” porque en la época se anteponía en la documentación los títulos más importantes y, ¿qué mayor honor y gloria que ser descendiente de la mismísima familia real? Pues descender por línea materna de los Gurrea, la casa noble más rica e importante del reino, tal era su prestigio. De ahí el cambio en el orden de los apellidos.

Pasó su niñez deambulando entre los alcázares de Toledo y Madrid como merino y paje de la emperatriz Isabel y del futuro Felipe II. Posteriormente su tío materno, el cardenal y arzobispo de Santiago de Compostela Pedro Sarmiento, se encargó de su educación -italiano, francés, latín, griego, hebreo y conocimientos de arte-, una formación, como puede verse, bastante esmerada.

En 1541 se casó con Luisa de Borja, que casi le doblaba la edad. Fue un enlace entre un púber y una mujer hermosa, por las descripciones que hacían en la época. A pesar de que el matrimonio fue orquestado por los familiares de ambos, al principio fue bien. El problema fue que ella envejeció antes que él, que además viajaba continuamente al extranjero para defender sus asuntos fuera de Aragón; así que la pobre Luisa tuvo que soportar las continuas infidelidades del joven duque, quien llegó a traerse a escondidas una amante de Flandes.

A pesar de estar emparentado con los monarcas y de mantener una relación muy estrecha desde la infancia, Felipe II de Castilla y I de Aragón intentó desposeerle del condado de Ribagorza. Este condado era un título, más nominal que otra cosa, que portaba el príncipe heredero al trono de Aragón hasta que se convertía en rey y se lo cedía a su sucesor. Sería el equivalente aragonés al actual título de “Príncipe de Asturias”. Esto se mantuvo hasta que el rey Juan II, una vez su hijo Fernando “el Católico” se convirtió en rey, cedió el condado definitivamente a su hijo bastardo, Don Alonso de Aragón, bisabuelo de Martín de Gurrea. Desde entonces el título había pertenecido a su familia.

Sin embargo, los condes no visitaban la Ribagorza para nada y parece ser que sus legados cometían abusos. A esto se unió el rumor de que el rey don Juan II había autorizado la continuación del condado separado de la Corona por tiempo limitado, solo hasta la cuarta generación, y que finalizado el plazo los ribagorzanos podían optar por el señor de su preferencia. Así pues, cuando murió su padre y le tocó heredar el condado, no fue reconocida su autoridad por los ribagorzanos. Detrás de estas protestas estaba la monarquía, que quería controlar el condado por ser fronterizo con Francia. En 1554 Felipe II dictó “que el feudo del condado de Ribagorza estaba en directo dominio y alodial señorío de Su Majestad” y Martín de Gurrea y Aragón presentó un recurso al Tribunal del Justicia.

Estos asuntos no fueron impedimento para que siguiera manteniendo una relación muy estrecha con la monarquía hispánica, como demuestran los siguientes hechos: entabló amistad con el cardenal Granvela y acompañó a Felipe II a Inglaterra a casarse con María Tudor. En 1555 presenció en Bruselas la abdicación del emperador Carlos V en su hijo Felipe II. En 1557 participó en la Batalla de San Quintín, donde Martín ganó 3 de las 50 banderas obtenidas. Obtuvo el ducado de Villahermosa como premio a los servicios prestados en el extranjero. Y  por último, fue testigo en Bruselas en 1568 de los funerales del emperador Carlos V.

Durante estas estancias en tierras de protestantes se codeo con los mejores artistas e intelectuales flamencos con los que tenía una correspondencia asidua y de los que era mecenas en numerosas ocasiones, adquiriendo obras de arte de los mejores pintores de la época, que acabarían en Pedrola.

En el año 1565 cedió el condado de Ribagorza a su hijo Juan y en 1567 el Tribunal del Justica sentenció a favor del conde y en contra del monarca 13 años después de que recurriera a dicho juzgado.

Pocos años después, un cruel golpe del destino le arrebató a su heredero y primogénito Juan. Éste estaba casado con Luisa Pacheco Cabrera y residía con ella en Toledo. Parece ser que en un ataque de celos, motivado por sus continuas infidelidades, mató a su esposa, la cual estaba emparentada con la poderosa familia castellana de los condes de Chinchón, que presionaron para que la Inquisición lo acusara de cometer el pecado nefando -era como por aquel entonces se llamaba a la homosexualidad-. El objetivo era castigar al asesino de Doña Luisa y vengar su muerte pero sin dañar su honor. Juan huyó a Italia y fue apresado en Milán, siendo ejecutado finalmente en el año 1573. Ser hijo de un “Grande de España”, como era Don Martín de Gurrea y Aragón, no le salvó; a pesar de que los nobles con tal distinción no podían ser ajusticiados. De nada servían sus años de servicio prestados a la monarquía ni su condición si tenía enfrente a una de las familias castellanas más poderosas.

La muerte de Juan, hizo reasumir a nuestro biografiado sus responsabilidades en Ribagorza. A pesar de la resolución favorable del Tribunal del Justicia, en el territorio se estaba fraguando una guerra civil entre los partidarios de los condes de Ribagorza y los de la monarquía.

Pasó los últimos años de su vida viendo como los problemas en el condado se acrecentaban y los ribagorzanos no reconocían ni su autoridad ni la de sus hijos; y sufriendo las trágicas perdidas de personas muy queridas para él, como fueron Juana de Austria –hermana de Felipe II-, el obispo de Huesca Diego de Arnedo, Juan de Austria –hermanastro del rey- y su propia madre, a lo que se añadió el encarcelamiento de su amigo Antonio Pérez en 1579 por espionaje.

Finalmente murió en Pedrola en el año 1581 en el palacio que él mismo mandó construir y que todavía puede verse.

 

Santiago Navascués Alcay.

Lcdo. en historia por la Uni. de Zaragoza.

 

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