EL MISTERIO DEL TESORO DE ALAGÓN

125 monedas de época prerromana fueron encontradas en Alagón en el año 1970. Fueron halladas por Vicente Legua Salvatierra junto al Ebro de manera un tanto azarosa al buscar chatarra entre los escombros de unos terrenos conocidos como La Codera. 20 de ellas se han perdido y no sabemos dónde se encuentran ni quién las tiene; una se partió y algunas fueron limpiadas con salfumán, sufriendo un considerable deterioro. El conjunto de monedas fue encontrado unido, formando un núcleo macizo, lo que indica que se encontraban en el fondo de una vasija que se ha perdido.

Sin embargo, aunque fueron descubiertas en Alagón, no era ese su lugar de procedencia sino que originariamente se encontraban donde hoy se ubica el aeropuerto de la base aérea de Zaragoza. El motivo por el que aparecieron en Alagón es que durante la construcción de la base, camiones con escombros vaciaban su carga en aquellos terrenos llamados La Codera, cargando a su vez arena de la ribera colindante.

Qué hacía allí una vasija llena de monedas, en medio de la nada y sin ningún yacimiento relativamente cercano, nunca lo sabremos. Se podría dejar volar la imaginación y fantasear con una buena historia.

La mayor parte de las monedas eran denarios -una moneda de plata propia de los romanos-. Si lo comparamos con nuestro sistema monetal, el denario sería como nuestro euro, el quinario como nuestras monedas de 50 céntimos, el sestercio sería lo más parecido a nuestra moneda de 20 céntimos y los ases serían equivalentes a nuestras monedas de 10 céntimos. Tanto el denario como el quinario eran de plata, mientras que los sestercios y ases eran de bronce.

No está clara la cronología exacta del conjunto pero sabemos con seguridad que eran de finales del siglo II a.C. o principios del siglo I a.C., de una época marcada por constantes rebeliones de los pueblos indígenas recientemente sometidos y por guerras civiles entre los propios romanos que llevaron a las provincias del Imperio, participando la población indígena en ellas. Son unos siglos en los que el territorio es dominado por Roma y se producen numerosos contactos e intercambios culturales entre los pueblos sometidos y los romanos, pero los continuos conflictos hacen que los itálicos todavía no colonicen el territorio ni se asienten en él.

Fruto de todo esto, pueblos como los celtíberos y vascones que nunca han usado la escritura ni la moneda, ahora acuñan moneda y escriben el nombre de su ciudad en ella con caracteres propios del alfabeto íbero. Utilizan el alfabeto de sus vecinos íberos para escribir en lugar del alfabeto latino propio de los romanos y con el que hoy escribimos. Son monedas que no se fabrican en Roma, sino que se fabrican en las ciudades de los pueblos autóctonos con iconografía y escritura local, aunque siguiendo el patrón monetal romano.

La iconografía propia de estas monedas es la del busto de un hombre, generalmente barbado, en el anverso; y en el reverso un jinete con lanza o espada –con mayor frecuencia porta una lanza- sobre el nombre de la ciudad escrito con caracteres íberos. En el caso que nos ocupa, nos encontramos con 39 denarios de los baskunes, 14 denarios de Turiasu, 25 denarios de Aregorada y 26 denarios de Arsaos.

Según Antonio Beltrán, la ceca de los baskunes correspondería a la ciudad vascona de Bekonta, la antigua Pamplona. La ceca de Turiasu hay que ubicarla en la actual Tarazona, que por aquel entonces era una ciudad celtíbera. La ceca de Aregorada Antonio Beltrán la sitúa en alguna parte cercana al actual Luzaga, en la provincia de Guadalajara. En esta localidad se ha encontrado un bronce y un importante cementerio celtíbero. Lo que está claro es que debía proceder de una ciudad celtíbera, ya que el radical “are” es un prefijo celta que vendría a indicar lugar de procedencia. El ejemplo más claro es el de los arevacos, que era un pueblo celtíbero que vivía alrededor del río Vakka –Duero-. El prefijo “are” es lo que indica que vivían cerca del río. El lugar exacto donde se encontraba la antigua Arsaos está en tela de juicio. Algunos investigadores piensan que puede que fuera una ceca itinerante. Guillermo Fatás encontró monedas de esta ceca en Sofuentes y una inscripción de un tal Arsitano. Otros vinculan Arsaos con la antigua Arse/Arsi –Sagunto-. Y por último, existe una corriente que piensa que esta ceca se encontraba en Sangüesa, donde se han encontrado cuños –artilugio con el que se imprimía la iconografía en el metal de la moneda- de esta ceca.

Parece que la globalización sea un invento de hace dos días y sin embargo, si uno se zambulle en el pasado más antiguo y se retrotrae hasta la época de la romanización, se da cuenta del mundo tan abierto y cosmopolita que vivieron aquellas gentes. Quien quiera saber más sobre este tesoro, puede encontrar una información mucho más detallada en el artículo del profesor Antonio Beltrán titulado “El tesorillo de denarios ibéricos de Alagón (Zaragoza)”, en Numisma, Nº 120-131, año 1973-74, pp. 201-214.

 

Santiago Navascués Alcay

Lcdo. en Historia por la Uni. de Zaragoza

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