LA CARTILLA Y LIBRETA MILITAR

¿Alguna vez os habéis preguntado cómo era la cartilla militar en aquellos tiempos, no muy lejanos, en los que era obligatorio el servicio militar, conocido popularmente como “mili”?

Gracias a la amabilidad de María Antonia Cuber Belio, vecina de Gallur, que ha tenido a bien, prestarnos la cartilla militar de su padre, José Cuber Ferrández, que se alistó para el reemplazo del año 1952, en plena dictadura franquista; los más jóvenes van a poder visualizar cómo era una de estas cartillas mediante las imágenes que vamos a ir mostrando a lo largo de este artículo.

La tapa de la cartilla es la que podéis ver en el encabezamiento del artículo

En las últimas páginas ponía las instrucciones para el uso de la libreta de movilización, seguidas de las disposiciones penales.

En resumen el contenido era el siguiente:

  • Se calculaba el tiempo mínimo que necesitaría el convocado para acudir desde su residencia al destino y una vez llamado a filas, el interesado disponía, en caso de paz, de 4 días extra de tiempo para presentarse en el destino que se le había asignado en la libreta; y dos días en caso de guerra. Si se presentaba más tarde, sería penalizado.
  • El ejército corre con los gastos del viaje para la incorporación.
  • La falta del documento no servía de pretexto para no incorporarse a filas. Si se perdía la documentación, los gastos del viaje serían cargados a cuenta del recluta.
  • Si se residía en el extranjero, los gastos del viaje serían pagados por el Estado.
  • Si por motivos de salud no podía incorporarse en la fecha señalada, se llevaría al portador de la libreta al Hospital Militar más cercano a su lugar de residencia.
  • Si se perdía esta documentación, había que dar cuenta de ello en el plazo de un mes. En caso de no informar de ello, podría producirse un arresto de hasta dos meses.
  • Los militares o ciudadanos que utilizaran estos documentos para recibir alojamientos, pasajes, etc… de manera fraudulenta; serían castigados.

En las primeras páginas venían los datos personales del portador de la libreta, que obviamente por respeto a la privacidad no vamos a mostrar.

Por último, las páginas centrales están dedicadas a informar acerca del reglamento para el reclutamiento y reemplazo del ejército.

Sirva esta imagen como muestra.

Las disposiciones eran las siguientes:

  • El servicio militar duraba 24 años desde que ingresaban en la Caja. Estos años se distribuían de la siguiente manera: reclutas en Caja (plazo variable), servicio en filas (dos años) y situación de reserva (el resto de años hasta llegar a los veinticuatro).
  • El recluta en caja podía solicitar una prórroga de primera clase o prórroga de segunda clase para incorporarse al servicio en filas. En el caso de que se le concediera una prórroga de primera clase, se vigilaba que no cambiara la situación del recluta y si en 4 años no cambiaba, pasaba directamente a situación de reserva sin hacer el servicio en filas (aunque no aparezca en la libreta, esta prórroga de primera clase la recibían aquellos que eran el sostén económico de la familia). Si se concedía una prórroga de segunda clase, se vigilaba que esa prórroga se utilizara para lo que se había solicitado (terminar estudios, aunque no quede explicado en la libreta) y acabado el plazo de prórroga concedido, el recluta en caja haría el servicio en filas.
  • Cuando el recluta había terminado su servicio en filas y pasaba a situación de reserva, podía ser llamado a filas de nuevo en caso de guerra e incluso que se retrasara, a conveniencia del gobierno, la expedición de la licencia absoluta, que se concedía a los 24 años de ingresar en Caja.
  • Hasta la concesión de la licencia absoluta se pertenecía a la jurisdicción militar.
  • Se prohibía casarse a los reclutas en Caja y a los incorporados a filas sin el consentimiento del ejército.
  • No se podía ejercer funciones públicas o trabajar para el Estado sin tener esta libreta en orden.
  • Las empresas privadas que contrataran a quien no tuviera esta cartilla en orden, serían multadas.
  • Si se perdía la cartilla, había que notificarlo y se le restituía al recluta una nueva. Previamente había que explicar el motivo por el que se había extraviado. Si los oficiales consideraban que la pérdida era injustificada, se le hacía correr al recluta con los gastos de la restitución de una nueva cartilla y además se le multaba.
  • Durante los 24 años de servicio, el recluta era objeto de una revisión anual en la que se constataba que había cumplido con sus obligaciones anuales, constatación que quedaba reflejada mediante un sello en la cartilla.
  • Una vez en situación de reserva, el recluta podía cambiar de residencia o domicilio, aunque notificándolo en el plazo de un mes. En caso de no notificarlo, el recluta sería multado.

En general, este sistema se mantuvo sin sustanciales cambios hasta que terminó el servicio militar obligatorio. La modificación más significativa fue el tiempo de servicio en filas, que tendió a acortarse.

Desde el Centro de Estudios Galluranos queremos hacer llegar a María Antonia Cuber Belio nuestro más sincero agradecimiento por colaborar con nosotros y prestarnos para su estudio un material tan valioso. Animamos a los demás vecinos de Gallur a seguir su ejemplo y a proporcionarnos cualquier información o material relacionados con la historia de Gallur.

 

Santiago Navascués Alcay.

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza.

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